sábado, 22 de marzo de 2008

El amargo abandono


Este espacio ha que dado relegado al ostracismo,

el maldito tiempo esclavo va consumiendo estos

breves momentos libres y auténticos. Os invito a

"EL FIN DE LOS TIEMPOS" único reducto done aún

puedo esperar el fin desde cierta esperanza y belleza.

Aquí podréis encontrar todos mis relatos y poemas.
Gracias y hasta siempre.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Tu espalda equina

Delimito tu indómita espalda
con promesas paganas;
arrastrando mi epiléptica cara
colapsada de redentoras súplicas
y alabanzas desde el cuello hasta
donde mi pobre maleabilidad y tu
asilo me abandonan, y raudo vuelvo.
Acompaño celosamente el aquelarre
de instintos y promuevo con mis manos
simbióticas el inquisidor vaivén
de tu cintura diabólica y equina.
Y dosificamos caóticas cadencias
y cantos de agónica belleza de asfixia.
Tu cabello enreda el aliento que
vertiginosamente desalojo por tu boca
de un irascible impulso glúteo.
Tus manos de águila aferradas al
retorcido prado blanco que a gatas
apenas recorremos, erigen de nuevo
tu frente y tomas con el ímpetu de
un náufrago desahuciado el aire
amalgamado de histéricos perfumes
que otra vez me retroceden.
Y caigo muerto para siempre
sobre el hálito divino de tu
reavivadora y convulsa espalda.

sábado, 20 de octubre de 2007

Incandescencia



...En ese momento lideraría a
esa multitud de irascibles fuerzas
ignoradas que me asfixian
para que sacudieran la tierra,
y regresáramos al comienzo
de la sutileza inadvertida.

De un colérico pisotón infantil
alteraría los ánimos de la razón
a favor de las vísceras.

Reclutaría a demonios y a hienas
para acosarte sin piedad,
hasta que jamás osaras cerrar tus
ojos a mi debilidad suicida,
y suplicases anónimamente, como ayer,
una transfusión urgente de
sangrienta fe desde mi esquizofrénica,
sin ti, incandescencia.

No siempre



No siempre todo mi cuerpo
te requiere.
No siempre mis manos soportan
deambular como serpientes ebrias
e impacientes por tus alrededores.
No siempre tu boca es la clave de
todos los paraísos que albergas.
No siempre este mundo ni estos días
me conceden tu voluntad libre y errante,
cómplice incondicional en la odisea
de mis instintos clandestinos,
prosélita de mis lunáticas pasiones.
Amor y olvido y sangre.


No siempre, amor mío, tienes voz
ni criterio sobre mis actos de
cazador selectivo y despiadado.


Y juego a ser Dios de tu universo;
creo y deshago con un gesto
soles y fronteras, otorgo con mis manos
bienes y pobrezas y destierros,
para acabar rindiéndome culto;
desorientada reclamas con plegarias
mi presencia.


Soy el rey de la anarquía
en los placeres de los sueños
que sabes que te han concedido,
y que no has tenido todavía.


No siempre todo mi cuerpo
te requiere, patria mía,
pero siempre son tus tierras
el único destino perpetuo,
morada inagotable donde
experimentan mis sentidos.

Parásito de ti



Si Dios existe
y me ha destinado en ti,
sería motivo suficiente
para morir por su bondad,
y hacer milagros en su nombre.

Qué osadía creer
que por mi destino
tiene sentido la creación.
Pensar que tu amor compensa
tanto sufrimiento que triunfa
en la pobreza y la enfermedad.

Si al final todo es equilibrio
arderé en el infierno tres vidas,
y en todas estaré esperando
desaforado la reducción de pena,
y el retorno a la dimensión donde
tu amor por mí aún perviva.

Tal vez el azar reine en el
universo, sería la forma más
honrosa de justificar el vivir
siempre maldito por sonrisas,
penitente de almibarados secretos,
básicamente, parásito de su
alma suave e indómita.

viernes, 28 de septiembre de 2007

El destierro



Nunca me siento más desterrado de ti
que cuando olvido lo que callas,
y sólo atiendo a la fría ambigüedad
de las palabras autocensuradas
que por mí regurgitas acariciadas.

No es fácil la simbiosis entre tus fieles
expectativas y mis egocéntricas soledades.
Lo sabes muy a pesar mío, amarga fruta
te ofrezco a cambio de arte.

Perdóname otra vez y volverás
a padecerlo, y te amaré aun desde el
olvido,
en la fría celda donde violo al silencio
intentaré perpetuarte sombra.

No dudes jamás en zarandear las
invisibles ramas que nunca me
florecieron imaginándote, están ahí,
latentes, aletargadas en la mediocridad
de esos días invisibles.

Siempre han estado; delicados brotes que
sólo atienden al abono de tus grandes ojos
marrones; para nacer alimento, colores,
sonidos y sabores; con el único fin de
de saciar cada impulso de tus sentidos,
y redimir así las feroces ausencias
que mi amor te inflinge.

Metamorfosis



Cuando socorres a mi debilidad,
el sol llueve cálidamente e impregna
mis manos con tu sabor a perpetuidad.

Cuando obvias mis miserias,
esa agua subterránea e integradora
germina en mis sentidos, y miles de
lúbricas prolongaciones se movilizan.

Cuando consideras a mi instinto
depredador, mi alma húmeda florece
enredándose por todo tu cuerpo,
reconociendo a cada célula que está
en disposición de albergarme.

Para este fin me creó la vida;
remontar el acogedor torrente
que tu desnudez apasionada,
como progresivas estancias para
alcanzar la gloria, me brinda.

Metamorfosis en la que llego
a reinar en el tiempo de lo divino,
y en el espacio de lo esencial.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Cuando te abres

Intenté tantas veces dibujárosla;
aquella locura blanca de jugosa tez
y rosada estancia, dictando
sentencias de muerte y de gloria,
acumulando adictos terminales
cuando surgía inmisericorde,
como esperando invitados.
El paraíso se vislumbraba
húmedo y carnoso por el
camino a sus entrañas.
Alzando vellos y músculos
a su paso idílico, hacía bullir
el alma, germinar la dicha,
reventar y esparcirse a la esperanza.

Concentrabas el júbilo del mundo
en tus palabras entrecortadas, en el
cristal líquido de tus ojos inseminados.
Por toda tu cara deformada
de placer se inflamaba la luz,
y se forjaban la bondad y la poesía
que pudiese albergar cada átomo.

El recuerdo de ese milagro tuyo,
engalana a los terribles espectros
que quedan libres de tus silencios.
Me recoge del ostracismo que
promueve el desdén de mis sentidos.
Me mantiene como el agua o el aire,
como un cordón umbilical, a la vida.

Cuando te abres al cielo agradeciendo
estar viva, llega a mí toda la vida
de repente, delimitas mi esplendor
a tu presencia, circunscribes la armonía
que me pueda quedar, a tu sonrisa.

Mi necesidad


Adopta a mi necesidad;
acógela en tu estela
de restos vitales,
deja que impregne su
mísera fe con los dones
sobrantes que tu existencia
constantemente desprende;
esos que hacen inevitable
sucumbir a la esperanza;
sutiles milagros agotados que
aún eclosionan de gracia,
y que en su adiós bañan en
aromas a la tierra y al aire,
al mar, y a todas y cada una
de las limitaciones del alma.
Déjala morar en tus cabellos
cuando el viento los oree.
Permite que releve a tu sombra
cuando la noche la sacrifique.
Admítela siempre a tu antojo,
hasta que merezca colonizar
sin premura ni pecado, tu vientre.

Apocalipsis



No hay nada más apocalíptico
que hallarme tu sonrisa; paradigma
de la resurrección y génesis de la
felicidad, sometida a los avatares
de esta vida infiel y a menudo hedionda,
en el preciso instante en el que sólo su
aparición podría disuadirme del holocausto
a lo que todo lo demás me condiciona.
Envuelto en este aciago tiempo, es el
momento justo donde, o me sonríes, o me
condenas.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Una noche aciaga



De repente nací de una noche aciaga,
sin reconocer un solo átomo a mi alrededor,
exiliado del cuerpo y exento de peso,
vagué sin tiempo y por lugares inconcretos
en un mundo incipiente y paranoico.

Te llamé, elevé tu nombre hasta un cielo
violeta sin lunas ni astros,
lo arrojé a través de extraños edificios en
medio de selvas; con plantas de aire y
flores de arena pigmentada.

Casi recuerdo que estás a mi lado dormida.
Pero no, sigo solo en mi macabra aventura.

A lo largo de un río infinito sin agua,
con peces nadando en el aire, sigo el murmullo
de la corriente que imita a tu sonrisa
desbocada.

Pero llegué a donde empecé; a no intuir
por qué te ocultas junto a mí, serena,
callada.
Jamás padecí ni disfruté de otro instante
más resucitador, que cuando abrí los ojos
ensangrentados de histeria, abatido por
completo, y te hallé ajena y en calma
en la inmaculada realidad, a mi lado,
entre sábanas.

Odio



Odio decir te quiero mancillando
con palabras, de nuevo, tu piel;
espiral de suave arena hipnótica
que impide que devore tu alma
cuando estás sutilmente entregada.

Odio rendir pleitesía a tu existencia
intentando, otra vez, santificar tu sonrisa;
sólo porque de a luz exóticos mundos
cada vez que despierta; derribando miserias
y erigiendo bellezas inalterables e inéditas.

Odio orarte a base de poemas que
hablan de lunas, soles y estrellas;
luces de tu reino, reflejos de tu supremacía,
oasis breves, alimento de mis plegarias.

Lo odio porque nada puede liberarme
de esta dependencia, nada me auxilia
en mi vano esfuerzo por corresponder a
la excelencia con que su amor me impregna.

viernes, 17 de agosto de 2007

La fragua



En una fragua, cada noche,
después de retomarnos cada día
sin prejuicios, me gustaría forjarnos;
y mezclar todo lo bello que se nos
escapó sin apenas advertirlo; cada
pálpito en común que quedó olvidado
en la angosta
y amnésica espesura del tiempo.
Y crearnos todopoderosos y efímeros,
como las flores tardías.


Romper cada mañana, exhaustos,
el crisol agotado, y entregarnos
frenéticos a la creación de un
nuevo molde voluptuosamente
conformado de esencias e instintos,
de divinidad.
Crear una vida desconocida hasta ahora,
descubrir en ella nuestra naturaleza
espontánea, y la verdadera misión
de nuestros sentidos.


¿Cuántos paraísos puedes llegar a evocar?
¿Puede consumirnos la perfección?
Dímelo sin pensar, como te esclaviza el amor,
con el acto reflejo de un suspiro,
respóndeme como se da un beso demasiado
tardío;
con un impulso, sin destino ni mesura.
Hagámoslo ahora.
¿O tal vez no?

Su obra de arte



Puedo asumir la incertidumbre de cómo
me habrán esculpido en el tiempo, tus recuerdos;
¿sobre cuántos tronos y pedestales, me erigiste
soberbio y confiado, capaz de eclipsar al mismísimo
David de Miguel Ángel?
¿Con cuáles de mis seres pretéritos, depravados y
mitológicos, habrás tallado una laberíntica sala de
de almas gritando, insomnes?


Soy conocedor, de lo circunstancial y relativo de
cada acción instantánea, en la cual me considera tu
subconsciente. No voy a rogarte que me adules,
que me mientas diciendo que me entiendes a cada
paso de un sutil instante. El presente es sólo una
siembra al azar del viento.


Sólo a veces, me asfixia el hecho ingrávido e
incontrolable, de no saber si seré eternamente
moldeado, con estilos invisibles y antitéticos,
entre tus futuras obras de arte.

viernes, 20 de julio de 2007

De nuevo, al Amor



De nuevo, al amor;
correspondido o soñado,
celestial o subterráneo,
idílico o ensangrentado.
Pretendo dar sentido, padeciéndolo.


A veces se difuminan gimiendo las noches,
por la perfidia de algunos versos moribundos.
Por entre los senderos del silencio, avanzan amargas,
las palabras de algún desahuciado.
¿Por qué la noche atormenta a quién no puede
con amor agasajarla?
Y te envuelve en una infinita espiral de naufragios.


Pero a otros si hay manos que lo anhelan,
que modelan su cuerpo ausente en el aire oscuro.
Hay labios que arden en su espera agónica,
y derraman miel y canela de impaciencia.
Para ellos la noche, sus mejores galas reserva,
los aromas del mar, el susurro de la voz sobre
el rumor de la brisa, el misterio de la piel bajo
un juego de sombras.


La noche es para morir de amor, o morir amando.

Inocúlame



Siempre.
Puede que a menudo.
Al menos, a veces.
Sólo una vez más.
Únicamente considera la posibilidad
de inocularme de nuevo la vida,
por la vía infalible de tu redentora sonrisa.
Hazla invadir todo lo que conozco;
con enredaderas carnívoras de luz y sangre
liberándose por mi cabeza, y devorando todo
lo que a su paso no desprenda tu olor a paraíso,
a único destino de mis días.

martes, 10 de julio de 2007

Trágame

Trágame con el estrépito atormentado y el
ímpetu de látigos enloquecidos de un amargo
desengaño, hospiciano del infierno.
Como el pecaminoso antojo de una
insatisfecha e irascible Diosa griega.
Átame con la envidia recíproca que rige
al amor y al olvido.
Codíciame , seré el alimento que quieras.
Consúmeme hasta que sangre tu lengua,
tus labios, hasta dislocarte las caderas,
hasta borrar las huellas de tus dedos.
Bebe de la savia que resuma mi alma
cuando me atenazas como si de mi respiraras.
Sacia tu sed de vengarte del destino
ocultándote en mis sueños, que de hecho,
sólo son frenéticos e idílicos mundos,
donde el cielo son todas tus sonrisas,
y la tierra tu cuerpo estremecido.
Hagas lo que hagas, hazme existir en ti.

Sin palabras



Quiero que lo sepas sin mediar palabra;
Oliéndome, arrasando tus debilidades,
recorriéndome, recreando tus locuras,
sonriéndome, dibujando en el aire tu ausencia…
Como la mañana a la noche;
sin solución, infinitamente.

Sonríe

La realidad a la que me eleva tu sonrisa
es el único lugar donde me
abandonan
las miserias y las dudas.
Sólo en ese momento de intensidad suprema
entre miradas, existe una perfecta simbiosis
entre la fe y la ciencia; es la génesis de todo
lo que dignifica y eleva.

Da igual que no estés presente,
o que des la espalda a mis plegarias,
tan sólo sonríe, y la vida recobrará su belleza.

Amén

Por entre los escombros de besos inacabados de fiera,
debajo de las hojas muertas de insolentes sonrisas,
sucumbiendo en un crepúsculo de caricias temblorosas,
Yaces;
desprendiendo aún llamaradas de vida invicta,
de piel recóndita que muere de sed e ira, olvidada.
Explosiones de espontánea voluptuosidad divina
irrumpen todavía en nuestra sangre fluida.
Y te suicidas lentamente placentera,
sucumbiendo al recogimiento pleno de sentidos,
de recuerdos casi efímeros de dolor y rezos.
Así de victoriosa y mortecina te
e s p a r c e s
sobre mis restos.
Amén

domingo, 17 de junio de 2007

Sin límites



Te otorgo un derecho sin límites
sobre cada una de mis células;
podrás fundar y olvidar desiertos,
mares, misteriosas selvas…
Te concedo toda la gracia que
alberguen mis días y mi sangre;
cada cálida gota que colma a la vida,
cada sutil instante de alegría,
a tu servicio.
Te brindo el don de crear y extinguir
en mi, cualquier tipo de angustia
o de placer, cuando y como quieras.

A cambio, te condeno a ejercer de
hacedor supremo sólo en mi universo.
Someteré a tus instintos a vagar
eternos en la orbita de mi espera.
Te negaré el soñar con placeres
más allá de mis países, y de vencer
a ejércitos que no sean los de mis venas.

Sólo así podré compensarte de toda la fe
que me hace tener por la vida,
esa inefable sonrisa tuya.
Tan sublime siempre, como amarga su
ausencia.

lunes, 23 de abril de 2007

Sobre ti


Lluevo sobre ti
calando hasta las venas,
poco a poco formo parte
de la energía que te rige,
espero que adictiva.
Fluyo en tu sangre,
alimento la belleza que
derramas
espontáneamente sobre la tierra.

Aro sobre ti,
siembro locuras y sabores
de todo el mundo,
y recolecto exuberantes frutos,
para desfallecer devorado y
devorándolos.

¿Cuánto podría vivir así?...

lunes, 8 de enero de 2007

Las estaciones




Del verano, tu piel roja,
Del invierno, la palidez bajo tu ropa.
Del otoño, la nostalgia de tus sombras.
De la primavera, el despertar de tus formas.


Ya puedo adivinar el verano; rizadas
Caracolas se oscurecen en tus cabellos.
Tu cuerpo convierte al sol en canela.
Sobre tu piel, una fina capa de mar se ha instalado.
Y esa ropa dejando entrever tu palidez, provoca
El bochorno en la ciudad y el impulso de las olas.


Raudo se avecina el otoño; tu sombra
Prematura se vierte entre las hojas,
Sobre los bancos y las fuentes del parque,
Cubriéndolo todo de una melancólica paz.
Tu lánguida mirada tiñe la tierra de colores ocres.
Y esa tímida sonrisa refresca al viento del norte.


Blanco se presenta el invierno; el reflejo
De tu palidez cubre al mundo de nieve, y tu
Recogimiento da paso a la borrasca y al viento.
Las flores y los árboles te siguen, esperan
Igual que yo, una señal tuya para renacer a la belleza,
Para adornar tus pasos, colorear tus días y perfumar tus noches.


Llega presumiendo la primavera; derramando
Versos sobre los amantes, pintando obras de arte y
Dotando de canto a las aves.
Resucitan los aromas y los colores, imitando
La locura de tu cuerpo cuando asoma,
Por la debilidad de tu breve ropa,
Y el balcón de tu escote.


Del verano, tu piel roja,
Del invierno, la palidez bajo tu ropa.
Del otoño, la nostalgia de tus sombras.
De la primavera, el despertar de tus formas.

Tu procedencia


De donde procedes cuando me recolectas
jamás he tenido noticias,
nunca he sabido imitar la voluptuosa
influencia que ejerce sobre tu sangre
yerma.

Sólo sé de ese lugar,
que vestida de ti llegas enloquecida,
planeando dubitativa y famélica,
probando de aquí y de allí los frutos
maduros de tensa espera.
Y te aferras amnésica al único árbol
que encuentras.
Y sedienta robas el aliento de sus raíces,
mientras acaricias las oscuras hierbas
que velan a sus semillas.


Pero lejos de talar su ánimo,
de provocar su repliegue inopinado,
lo abocas por donde asoma la vida,
devolviéndole al perfecto estado,
a la humedad y temperatura idóneas,
para convertir de nuevo a su savia en
joven, libre
e impetuosa.

Sinrazón


Quiero verte sola e indefensa,
Sometida a tus sueños realizados.
Esclava del deseo, prisionera de la verdad.
Quiero que cuando ames seas correspondida.

Quiero hallarte vagabunda, atada a la pasión, Envuelta en sabiduría, adoptada por la tierra, ahijada de Dios.


Quiero encontrarte moribunda,
Indefensa ante la alegría, errante en el edén,
Inválida frente a la razón, elegida por la belleza,
Dueña de la luna, preferida del sol.


Quiero rescatarte desvalida,
Embriagada de armonía, anegada de emoción,
Cuando por fin añores hasta la locura,
Lo imperfecto de mi amor.

Grata amenaza


Vehemente y dulce,
súbito pero bienvenido,
diría incluso que divino
como todo lo imprescindible.
Estalla todo tu amor de repente
Mal herido e irascible;
Verdugo implacable de mi sed y de mi hastío.
Señor de mis pecados,
mecenas de mi locura,
inspirador de sueños que
son mas bien delitos,
corruptor de la sangre apacible,
amenaza tenaz de recogidas voluntades,
patriarca de todas las fronteras.



Estoy rindiéndote pleitesía,
aquí, en una de tus
encrucijadas,
sin apenas presagiar, si merezco morar
una vez más, en tus entrañas.

domingo, 7 de enero de 2007

Negras horas




Eres la llama de un papel;
Breve alegría que muere
Súbitamente.
Enojada, como olvidada
De repente por todos.


Eres la lluvia andaluza de verano;
Polvorienta, sofocante e inesperada,
Y dominante y acaparadora, todo
Lo condicionas cuando apareces.
Arrecias y escampas como un niño;
Que admirado ríe, y
Olvidado
Llora.


Las horas de los días que matamos,
Que dejamos pasar sin intentar
Apenas rescatarlas, se tornan plácidas
Camas negras, que ofrecen confortables
Olvidos,
Sueños de seda indescifrables, y
Sábanas blancas de conformismo.


Intentaré arrancarte,
En pedazos si es preciso.
Arrojaré por el balcón las dudas
Que mullen tu almohada.
Abatiré a los cuervos que anidan
Junto a ti, tu no los ves, pero
Devoran mis ojos cuando observo
Tu ternura, tu alma errante, tu
Piel contenida, todo tu ser huyendo
De los sentidos.


En esta noche, como en tantas otras,
Las horas negras, aquellas que matamos,
Vuelven con ánimo de venganza,
Ocultando albas, silenciando versos y
Devorando esperanzas.

La noche


Sólo espero de la noche, que
Tu cuerpo cansado se agote
Definitivamente satisfecho
Enredado a mis venas;
Déspota enredadera que
Encuentra refugio entre los
Sudorosos restos diseminados
A tu alrededor, de mis sentidos;
En forma de piel y vellos deformados
Y sonidos inexistentes hasta ahora,
Paraíso sometido a tus caricias
Desbocadas;
Por las que nació y perdurará
Como cada uno de estos versos,
Parásito y esclavo de tu amor
Ineluctable.

Cuando no sabes qué


Llueve sobre el mar
Dirías que arrecia
Incluso
Si te lo propusieses
Una hoja indolente cae
Sin destino
Sobre la tierra anegada
Sin saber qué
Observas el viento vestido
De lodo y lágrimas agitar las ramas
Sin tregua
Como una maldición
Una nube amorfa tenebrosa
E infinita
Viola con desidia el cielo
Aletargado
Sin dejar huella
Sed de nada te ahoga
El tiempo siempre es el mismo
Las palabras son
Encrucijadas
Cuando no sabes qué
Si todo o el olvido
Si querer o claudicar
Cuando no sabes qué
Si amas o anhelas
Déjame intentar
Arrasar tus lodos y escarchas
Amor
Cuando no sabes qué
El mundo se me
Agota
En tu mirada

La presa


Te hallé una noche
Convencido de que no estabas,
Y consciente de que yo para ti
Ni existía.



En la jungla de aquel verano
Te acechaba agazapado como
Un tigre en la espesura…
Expectante y silencioso como
Un búho en su sombría atalaya;
Fijando entre cabezas el movimiento
De tus expresiones, y el mágico sonido
Que tu sonrisa irradiaba.



Y me acerqué como un guepardo
A una frágil y hermosa gacela,
Mimetizando mis intenciones entre
El pasto de la sabana.
Recogiendo del cálido viento,
Igual que un lobo, el rastro de
Tu piel de presa.
Imaginando a cada paso el color de tu voz
Y el sabor de tus entrañas.



Aquella noche te degustaron
Mis oídos de lechuza, hasta el
Mínimo sonido de tus labios delataba
Sin remedio la dulzura oculta en tu boca.
Adivinaron mis ojos de halcón lo adictivo
De tus formas de serpiente alada.
Y caí rendido sobre tu ausencia,
Aferrado a las sobras de tus palabras
Aun sinuosas y abismales.



Maldije tantas veces aquel intento
Fallido de cazador primerizo.
Aunque siempre supe, de alguna manera,
Que mi instinto depredador era
Más fuerte que los que te alertaban,
Y que una noche te abatiría,
Y de tu cuello entregado
Te subiría a un árbol, como un leopardo,
Para devorarte toda la vida.